martes, diciembre 6, 2022
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Fiorella Vélez: “Nos hemos alejado de lo africano por querer blanquear la sociedad”

La cantante mayagüezana junto a Raúl Venegas (guitarra) y Akinsola Elegbede (percusión), en La Parcería, Madrid. Foto: Abdiel Segarra

Dice el refranero que “quien lo hereda no lo hurta”, que “hijo de gato, caza ratón” o que “de casta le viene al galgo”. Sea cual sea la expresión preferida por el lector, todas hacen referencia a lo mismo: el talento se hereda de padres a hijos.

A Fiorella Vélez, mezzosoprano mayagüezana natural del barrio Limón, cualquiera de estos refranes populares le cae como anillo al dedo, pues es hija del fallecido Gilberto ‘Guili’ Vélez, pianista, compositor y maestro de música de amplia trayectoria y reconocimiento. 

Desde su primera infancia pudo absorber todo el talento musical que emanaba su progenitor, quien en vida se destacó como miembro de importantes agrupaciones como la Orquesta La Solución, Orquesta Kachende o la Mayagüez Big Band, entre muchas otras.

Fiorella ha seguido los pasos de su antecesor, con su propio criterio y voz artística, la cual empezó a cultivar en la Escuela Libre de Música, donde pasaba las tardes para acompañar a su padre, maestro y director escolar del centro.

“Empecé bien chiquita, me quedaba sentada haciendo las asignaciones en lo que él enseñaba piano. También desde bebé iba a los estudios de grabación y a los guisos. Crecí en un ambiente muy musical”, recordó la joven mayagüezana.

En la Libre de Música, con la edad de 7 años y sin avisar a nadie hizo las pruebas de admisión a la institución, de la cual se graduó años más tarde. Tras esta educación inicial, donde destacó el legado de su profesora de canto, Dagmar Cardona, accedió al Conservatorio de Música de Puerto Rico para formarse en canto lírico, estudios que completaría en el Brooklyn Conservatory of Music

Ser élite en la élite

En la jerarquía de la música lo clásico suele posicionarse en el más alto nivel de la pirámide. Hay algo de elitismo en esa visión, que presupone mayor calidad al canon (Mozart, Chopin, Beethoven, etc.) frente a lo popular o lo contemporáneo. 

Pero también hay algo de realidad material: los requisitos que hay que superar para acceder a tan prestigioso campo laboral no están al alcance de cualquiera. Entrar al circuito profesional del canto lírico -no digamos a su élite- no es tarea fácil, y menos sin los recursos económicos y los contactos necesarios. 

De eso sabe mucho Fiorella Vélez. A pesar de superar todos sus cursos y de probarse en foros como el Carnegie Hall de Nueva York, el Festival del Egeo (Syros, Grecia) con la Greek Opera Studio, de dar recitales con la Houston Chamber Choir o en solitario, en el Festival Cultural de Zacatecas (México), continuar una carrera profesional no pudo ser la opción final de la mezzosoprano boricua. 

“Mi historia no es la de del chico que le dieron las becas y que tuvo buenas audiciones. Yo me dejé el pellejo estudiando, me esforcé muchísimo, tuve buenas oportunidades, pero también tengo que decir que viví el sufrimiento de la persona que no tiene miles de dólares para apoyar esta carrera”, recordó.

Rumbo a España

Tras 10 años en Estados Unidos, Fiorella decidió cambiar de aires y poner rumbo a Madrid, ciudad “cuna del requiebro y del chotis”, como reza el clásico castizo de Agustín Lara. 

Guiada por su amigo y colega, el destacado tenor boricua-español Joel Prieto, con quien estaba tomando clases virtuales de canto, arribó en 2019 a la capital de España.

El retorno al contexto “hispano” y a una ciudad donde pudo identificarse con otras comunidades migrantes permitió que en ella afloraran querencias sonoras que estaban en letargo.

“En los años de formación en el Conservatorio y la maestría el foco y el entrenamiento fue tanto hacia lo lírico que perdí una cosa que ya tenía de la Libre: lo ecléctico. En el mundo clásico hay muchos mitos de qué es y cómo uno tiene que ser como artista”, reflexionó.

Esa desconexión de su eclecticismo musical, cultivado en la Big Band de la Libre de Música, en los conciertos de plena y de salsa de su papá, en sus intereses musicales adolescentes, volvió, y lo lírico empezó a coquetear con lo popular sin complejos.

Así, en su primer recital en España el repertorio osciló entre Vivaldi y Antonio Cabán “El Topo”, entre Ravel y Luis Alberto Spinetta.

Pero la mayagüezana no solo se expresa a través de la música, sino que ha desarrollado un interés por la poesía.

En aquel primer concierto “la actriz boricua Diana Rivera Buscaglia recitó un poema mío, “Indómita”, sobre mis raíces afrocaribeñas”, recordó Vélez, quien tiene en lo afro otra de sus inspiraciones de cabecera.

África como horizonte

El progreso musical de Fiorella en tierras ibéricas le ha permitido desarrollar sus orígenes africanos, tras recalar en una de las bandas alternativas con más sabor mestizo de Madrid: Ogún Afrobeat

La agrupación, liderada por el nigeriano Akinsola Elegbede, recoge el legado de la leyenda Fela Kuti, padre del afrobeat, uno de los géneros africanos de mayor alcance internacional en el siglo XX.

En Ogún Afrobeat se mezclan los ritmos del continente africano con los de la América insular, especialmente los afrocubanos. Este diálogo es especialmente evidente en su último disco, ‘Unite’, tras el que Fiorella se unió al grupo. 

La mayagüezana es la última incorporación, sumándose así a un sancocho cultural donde comparte su afrodescendencia racial y musical con otros 10 instrumentistas y cantantes de países como Nigeria, Cuba o Italia, entre otros.

Tras verla en un recital, el líder de la banda contactó a Fiorella para la presentación del disco como corista. El fichaje fue acordado una semana antes del show, con una sola oportunidad para ensayar con el grupo. “Aprendí yoruba en una semana”, bromeó. 

A pesar de que Puerto Rico es un país con una herencia musical africana indiscutible, el diálogo con las sonoridades folklóricas y la música popular de la costa occidental del continente ha sido apenas existente.

Al revés, sin embargo, en África los sonidos afrocaribeños encontraron amplia repercusión en figuras destacadas como Laba Sosseh, nombre que en Puerto Rico es completamente desconocido a pesar de ser una gran referencia de la salsa africana.

¿Por qué esa falta de diálogo con África en Puerto Rico? Fiorella encuentra la respuesta en lo que denomina “la gran herida colonial”.

“El gran daño ha sido querer blanquear la sociedad. Con Ogún Afrobeat me he dado cuenta de la herida que ha habido, de cómo nos hemos alejado de lo africano por querer blanquear. Más allá del plátano compartimos muchas cosas”. 

Fiorella Vélez en un ensayo junto a Ogún Afrobeat

La diáspora boricua en Madrid

No todo flujo migratorio es diáspora, por lo que quizá llamar a la comunidad boricua de Madrid de esa forma sea una leve exageración de lo que en términos sociológicos implica un movimiento diaspórico. 

Sin embargo, y para entendernos, vamos a aceptar que sí, que en Madrid, en los últimos años, se ha ido organizando una comunidad con voluntad diaspórica: boricuas que se asocian, se apoyan, organizan eventos de divulgación y reafirmación cultural, e incluso militan en causas por la justicia social de su archipiélago caribeño. 

En ese contexto Fiorella se encuentra como pez en el agua: esa comunidad puertorriqueña ha sido su sostén, y con ella ha compartido en eventos con otros migrantes latinoamericanos o africanos. 

El pasado 12 de octubre, en uno de estos eventos, declamó el poema “Hoy me levanté”, unos versos dedicados a la mujer trabajadora boricua, pero también a los pueblos que sufren problemas con su soberanía. 

En esa ocasión compartió escenario con la agrupación Los Pleneros del Exilio, combo de plena formado por boricuas residentes en la capital española. 

“El texto era para ir en contra de ese discurso pro-Colón. Aquí se hacen unas marchas muy grandes el 12 de octubre, es una cosa que no me hace sentido. La gente que se ofende en Puerto Rico porque tumban una estatua no ha visto lo salvaje que es aquí la celebración de estas figuras genocidas”, expresó.

El comentario hace alusión a la estatua de Ponce de León derribada en el Viejo San Juan, hace un mes, con motivo de la visita de los Reyes de España.

“Nos hacen ver eso como violento, nos han acostumbrado al ‘buenagestismo’ mientras nos tienen bajo una violencia de siglos y siglos, como cantaba Fela Kuti en ‘Colonial mentality’”.

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