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Cualidades que debe tener un Alcalde o Alcaldesa Excelente

Awilda Abreu Exia – Profesora, Trabajadora Social

Me atrevo a escribir, sin temor a equivocarme, que a una gran mayoría en Puerto Rico nos preocupa grandemente la situación por la cual están pasando muchos alcaldes. Me refiero a la ola de corrupción que estamos viendo. Y esto lo podemos observar en cualquiera de los partidos políticos. Es algo que nos indigna, nos molesta al extremo que muchas personas dicen que no van a votar, que todos son iguales.

Preocupa y también asombra cuando al levantarnos las noticias están cubriendo algún caso de corrupción en algún político, sea alcalde o no. Molesta cuando son referidos al FEI para investigación, etc. Y molesta mucho e indigna porque son figuras públicas, son personas en quienes el pueblo puso su entera confianza y los escogió como su alcalde o alcaldesa.

Molesta porque fueron elegidos para servir al pueblo, no para ser servidos. Tampoco fueron escogidos para malversar los fondos de un pueblo ni para ser corruptos. Claro, son seres humanos, con sus debilidades y fortalezas. Pero si no tienen vocación ni quieren servir a su público que votó por ellos, pues deben cambiar de profesión. Deben evaluarse bien y saber con sinceridad si están dispuestos/as a una vida de servicio, hasta de sacrificio algunas veces, por echar hacia adelante a su ciudad o a su pueblo. Y por no fallarle a quienes depositaron toda su confianza en él (o ella).

Es muy triste reconocerlo, pero muchas veces estos alcaldes o alcaldesas han deseado llegar a ese puesto por el poder, por ser la autoridad máxima, por el dinero. Y algunos/as tal vez buscando una forma de “robar” (aunque suene fuerte). Entiendo que hay alcaldes y alcaldesas que son personas honradas, que están en su posición por servir, por ayudar a su pueblo. Son personas que no han defraudado a quienes votaron por ellos/ellas.

En este artículo me estoy refiriendo a los alcaldes y alcaldesas, pero esas cualidades que yo considero deben poseer se aplican también a los servidores públicos, a los gobernadores. Y hasta aplican a cada uno de nosotros, los seres humanos. En esta lista tengo en primer lugar el temor de Dios. Los que somos creyentes sabemos que hay un Dios que ve todo lo que hacemos. Y uno de los dones del Espíritu Santo es temor de Dios. Yo creo que si todas las personas tuvieran este don Puerto Rico, ni el planeta completo, estaría como está. Las personas lo pensarían dos veces, y hasta más, antes de cometer algún acto de corrupción, algún pecado. Si pensaran que “cada acto tiene su consecuencia” no se lamentarían después, cuando ya es muy tarde. Yo sé que no somos santos ni santas, pero se puede ser bueno/a. Y aunque para muchas personas la religión y la política no se deben mezclar yo considero que sí podemos mezclarlas. Necesitamos líderes que sean religiosos, pero que lleven bien la religión, pues hay líderes religiosos que también han fallado.

También los alcaldes y alcaldesas deben tener valores morales, poseer empatía – esa capacidad de “ponerse en los zapatos de otros”. También deben tener solidaridad, sinceridad, transparencia. Además deben ser accesibles. Deben recordar cuando en las campañas visitaban las comunidades buscando los votos. Luego al estar en el poder muchos/as se olvidan de los que los llevaron a ese puesto. No se puede estar encerrado en una oficina cogiendo aire acondicionado. Hay que visitar los barrios, las comunidades; hay que conocer sus necesidades, sin ofrecer cosas para luego no poder cumplirlas. Tienen que tener palabra y disponibilidad, humildad y no ser orgullosos/as. Deben tener liderazgo; un líder excelente tiene todas estas cualidades con sus seguidores. Deben tener también una excelente comunicación, tanto con sus empleados, como con todo el público. Deben tener asertividad, puntualidad, buen humor. Tener buenas relaciones humanas (tacto, respeto y cortesía). Y por supuesto, ser inteligentes: poseer un título universitario no garantiza ser el mejor alcalde.

Debemos evaluar todo esto antes de votar, aunque no hay garantía, pues nadie tiene un sello en la frente que indique la clase de alcalde o alcaldesa que puede llegar a ser. Eso lo observamos en sus ejecutorias, en el trato a su familia, a su prójimo, en el diario vivir, en sus creencias (sean religiosas o no).

Espero que quienes quieren aspirar a ser alcaldes se autoevalúen con sinceridad. Que puedan observar qué cualidades poseen y cuáles deben mejorar. Que lo piensen mucho y lo vuelvan a pensar, pues la responsabilidad es bien grande. Ya no queremos más personas que nos sigan fallando ni que le fallen a los menores que están viendo su ejemplo. Y quien piense que el poder lo puede “dañar”, que ni siquiera se postule. Puerto Rico necesita líderes con excelentes cualidades, seres humanos dispuestos a servir. ¡Éxito!

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