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Rescate ambiental desde las comunidades: Tres Palmas y Río Hondo

Bosque Comunitario Río Hondo, Mayagüez

Los crímenes ambientales han vuelto a ser noticia en el país. El reciente escándalo de Bahía de Jobos, en Salinas, como ya sucediera en años recientes en la costa de Rincón con el complejo Mar y Sol, han vuelto a evidenciar el riesgo ecológico que corre el país.

Este caso, sumado a otras denuncias ambientales en Isabela o Guánica han vuelto a poner en duda la diligencia del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) y su capacidad para hacer cumplir la ley.

En la región oeste, donde las costas y recursos naturales son apreciados por todo tipo de inversores, hay un historial de casos en donde la defensa del ambiente ha prevalecido por encima del lucro o la especulación.

Experiencias donde la colaboración entre gobierno y comunidad ha sido la clave del éxito, muy alejadas de estos casos recientes donde alegadamente el trato de favor y el tráfico de influencias han ganado al bien común.

En concreto, destacamos dos experiencias que marcaron una senda de esperanza: la Reserva Tres Palmas, en Rincón, y el Bosque Comunitario de Río Hondo, en Mayagüez.

Reserva Marina Tres Palmas, Rincón

Entre los barrios Puntas y Ensenada, en Rincón, se encuentra la playa Escaleras. En ella, sus fondos marinos albergan la reserva Tres Palmas, declarada como tal por virtud de la Ley 17 de 2004.

Dos años antes, en 2002, las organizaciones Sea Grant y Surf Rider habían empezado junto a la comunidad una movilización para proteger este paraje natural submarino.

La Reserva Marina Tres Palmas alberga una de las comunidades de coral cuerno de alce más extensas y en mejor estado de Puerto Rico y el Caribe. Estos corales sirven de hábitat para muchas especies de peces y crustáceos.

Gracias a su protección, este espacio provee múltiples oportunidades recreativas, tales como buceo, snorkeling, paddle boarding y sobretodo el surfing, que atrae a deportistas de todo el mundo para disfrutar de sus olas y de la belleza escénica del entorno.

Además de la reserva marina, la defensa de los terrenos adyacentes han permitido que la comunidad desarrolle en tierra el Paseo Comunitario Tres Palmas y una ruta ciclista, aún en planificación.

Miguel Canals, profesor del Colegio de Mayagüez, fue una de las personas que impulsó junto a los vecinos la defensa y autogestión de este proyecto.

El director del Center for Applied Ocean Science and Engineering (CAOSE) compartió con Visión que este entorno había estado amenazado por desarrollos de proyectos turísticos y el desmonte de terrenos, cuyos sedimentos afectan la vida marina.

Sin embargo, gracias a que la “comunidad reconoció la importancia de la reserva, trabajaron de la mano con el gobierno yse pudo crear una ley para protegerla”.

Actualmente, además de la protección de los corales y la biodiversidad marina, el terreno de tierra que bordea la reserva también está siendo protegido por la comunidad para convertirlo en un área recreativa natural para el esparcimiento y el disfrute familiar.

Según Canals, los terrenos son de propiedad pública, expropiados a sus dueños originales, la familia Levy, gracias a esa colaboración ciudadana y comunitaria con las agencias de gobierno.

“Lo que hicimos fue reclamar ese espacio público para el disfrute de todo el mundo, y asegurarnos que se use como una zona de amortiguamiento para proteger los corales de la reserva”.

Ahora hay un proyecto para construir un paseo ciclista que transcurre frente a la reserva marina. “Esperamos que salga pronto la subasta”, expresó Canals.

Reserva Tres Palmas, Rincón

El caso de Río Hondo en Mayagüez

Como en Tres Palmas, en el bosque de Río Hondo la relación entre comunidad y gobierno fue fluida y pudo desembocar en una protección especial de este entorno natural de la ciudad.

En 2005 la comunidad empezó a preocuparse por un posible desarrollo inmobiliario en los terrenos en que hoy en día está el bosque. Edison González, líder comunitario, inició una lucha, haciendo llamados a sus vecinos para proteger ese pulmón comunitario.

Los terrenos eran propiedad de la familia Bechara, quienes planeaban desarrollar unas 200 viviendas, pero gracias a la movilización vecinal y al diálogo con el municipio de Mayagüez se pudo detener el proyecto.

Víctor González, agrónomo de profesión, es el actual vicepresidente de la Junta de directores del Bosque Comunitario Río Hondo.

“Siempre hubo buena disposición por parte del municipio y los propietarios de las tierras. Adquirir los terrenos costó 1 millón de dólares. Se hicieron actividades y propuestas con Fondos Legislativos, Fundación Toyota, Fundación Ford, Agua para el Oeste, etc. El municipio nos pareaba 1 a 1 los recaudos”, indicó González.

Finalmente, el Servicio Forestal Federal aportó el 50% del dinero, y en los años 2018-2019 se formalizó la compra de las 69.8 cuerdas de terreno.

Ahora, casi 20 años después de iniciado el proceso y casi 5 desde la adquisición, la comunidad goza de un espacio verde donde desarrollan un interesante proyecto agroturístico.

“Al principio se empezó a hacer un censo de aves con el profesor Carlos Delannoy. Carlos Otero, agrónomo del Servicio de Extensión Agrícola también dio la mano. Ahí estuvo Edwin Irizarry Mora con un plan económico y de desarrollo, y Julia Mignucci con su grupo Mayagüezanos por la Salud y el Ambiente”, relató González para evidenciar todas las voluntades que se activaron desde el minuto 0 para empujar esta iniciativa.

El de Río Hondo es el primer bosque comunitario del Caribe con el auspicio del Servicio Forestal Federal.

El proyecto empezó a combinar la conservación ambiental, el desarrollo comunitario y la educación, ofreciendo talleres y servicios recreativos para la comunidad y para los estudiantes de la Escuela Consuelo Cintrón, hoy cerrada.

Actualmente tiene más de una milla de veredas interpretativas, una ‘ecoplaza’ y una oficina que sirve de sala de conferencias para actividades comunitarias.

Antes del huracán María contaban con un invernadero donde desarrollaban cultivos acuapónicos e hidropónicos cuyas cosechas usaban para producir un sofrito que servía para autogestionar el bosque.

Tras quedar destruido, ahora están esperando una propuesta del Servicio Federal Forestal para recuperar ese espacio, donde tienen planificado sembrar árboles endémicos y volver a crear empleos para los vecinos.

En el Bosque Comunitario de Río Hondo se encuentran 42 tipos de aves diferentes, 10 de las cuales son endémicas. Además, están tratando de recuperar el follaje del bosque, el cual fue en gran parte deforestado para sembrar caña de azúcar a principios del siglo XX.

Gracias a estudios que han realizado estudiantes del Colegio se ha determinado que queda un 5% del bosque original. Ahora lo están recuperando poco a poco para preservar las 8 especies de árboles nativos que se encuentran en los límites de la reserva.

“Tenemos que trabajar para la preservación del bosque, es el objetivo principal”, dijo González.

“Estos espacios son importantes para la salud, no solo la física sino también la emocional. Son lugares de esparcimiento. Tenemos un pulmón en Mayagüez, el único área verde al sureste del centro urbano”, reclamó orgulloso el agrónomo.

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